En Luján, Mons. Carrara recordó que la mirada de María “serena nuestro corazón, le da alegría y esperanza”

El sábado 16 de mayo como comunidad arquidiocesana peregrinamos a la casa de nuestra madre de Luján para dejarnos abrazar y mirar, para que renueve en nosotros la esperanza.
Una vez llegados, el arzobispo Gustavo Carrara, acompañado por sus obispos auxiliares, Mons. Jorge González y Mons. Federico Wechsung, y los sacerdotes de nuestro clero, celebró la Eucaristía y manifestó: “Venimos a la casa de nuestra Madre de distintas parroquias de La Plata, Berisso, Ensenada, Magdalena y Punta Indio. Nos encontramos aquí y decimos, ¡Qué lindo es estar en la casa de la Madre!”.
“Venimos con muchas cosas en el corazón, tenemos alegrías que compartir y también dolores que solo a ella podemos confiarle, pero nuestro corazón se alivia cuando logramos cruzar nuestra mirada con la mirada de la Virgen. Sabemos que su mirada, llena de ternura, serena nuestro corazón, le da alegría, le devuelve la esperanza”, manifestó nuestro el pastor, quien recordó además que “Jesús nos hizo el inmenso regalo de darnos a su propia Madre y así la sentimos”.
Animó a los peregrinos a “recordar el primer día en que vinieron aquí, a la Basílica de Luján. Fue un día de gracia y de bendición, cada uno tiene su historia personal con su Madre, con la Virgen de Luján”.
Recordó que la Iglesia “nace misionera, nace en salida y para llevar la alegría de la resurrección y la vida de Jesús”, y afirmó que “hay un lugar en donde no debe faltar nunca la Iglesia, que es en los lugares de sufrimiento y dolor, donde hay hermanos y hermanas que se parecen a Jesús crucificado y que están participando de alguna manera de esa cruz del Señor”. “Ahí tenemos que estar, como Iglesia y como hijos de nuestra Madre no podemos faltar en esos lugares de sufrimiento y de dolor”, aseveró.
Luego de la Misa como comunidad arquidiocesana nos congregamos en el Descanso del Peregrino para participar del rezo del rosario.





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