En el Viacrucis por la Paz, Mons. Carrara pidió “abrazar a Jesús y tender la mano al que está sufriendo”

El Viernes Santo, ante una multitud de fieles, el arzobispo Gustavo Carrara encabezó el tradicional Viacrucis por la Paz, que partió de la Basílica San Ponciano hacia la Iglesia Catedral, reviviendo en cada una de las estaciones el sufrimiento y sacrificio de Jesús por la humanidad.
Participó el Intendente de la ciudad, Julio Alak; junto al Jefe de Gabinete de la Municipalidad, Carlos Bonicatto, entre otras autoridades de la Comuna. También religiosos, religiosas, sacerdotes y seminaristas, quienes previamente participaron de la celebración de la Pasión presidida por el Obispo Auxiliar, Mons. Federico Wechsung, en la Basilica.
Mons. Carrara propuso una lectura actual del camino de Jesús hacia el Calvario, poniendo en el centro el dolor de tantos hermanos y hermanas. “Escuchábamos sus voces, le hablaban a Jesús, se identificaban con Él, sentían que Jesús abrazaba desde la cruz su dolor”, expresó, destacando que ese sufrimiento también interpela a la comunidad a comprometerse con quienes más padecen.
En esa línea, el arzobispo subrayó que la cruz no es solo un signo de dolor, sino también un camino de sanación. “Todos tenemos nuestras heridas, todos tenemos nuestras cruces, pero hay un camino: abrazar a Jesús y tender la mano al que está sufriendo”, afirmó. Y resaltó que “misteriosamente nuestras propias heridas se van sanando y una luz empieza a brillar en nuestro corazón”.

El pastor arquidiocesano insistió en que el gesto de salir al encuentro del otro transforma tanto a quien recibe como a quien da: “Cuando tendemos la mano al que más sufre, no solo llevamos paz y alegría a su corazón, sino que también nosotros somos sanados, somos liberados de tantas ataduras”.
Asimismo, advirtió sobre la tentación del individualismo, recordando las palabras dirigidas a Jesús en la cruz: “A Él le decían ‘salvate a vos mismo’, pero no pensó en sí, sino que entregó su vida por todos”. Frente a ello, remarcó que “nadie se salva solo” y que el camino cristiano implica necesariamente la fraternidad y la solidaridad.
El viacrucis tuvo como intención especial la oración por la paz, en un contexto atravesado por múltiples formas de violencia. “La luz va a brillar en nuestro corazón, en nuestra familia, en nuestra ciudad y en nuestra patria, y ahí habrá verdadera paz”, sostuvo el Mons. Gustavo, al tiempo que convocó al Pueblo que peregrina por la Iglesia particular de La Plata a ser “instrumentos de paz” en la vida cotidiana.
Finalmente, encomendándose a la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores, Mons. Carrara pidió que “desde la cruz del Señor nos alcance su bendición”, una bendición que —dijo— “nos hace más hermanos y hermanas”, y que brota del amor de Cristo, quien “no tiene amor más grande que dar la vida por sus amigos”.







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